La propuesta de Lola Borges Blázquez

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Prepara los desayunos. Pone cereales en los boles cada mañana. Los llena hasta arriba, rebosantes, para que no nos falte de nada. Luego habla con su madre y con sus hermanas: su familia y el sol es lo que más echa de menos. Se reía mucho conmigo, le hacían gracia mis preguntas acerca de la democracia. "Si sólo fuera ir a prisión y no ser asesinado, yo no me habria ido a buscar marfil a otras costas”. Hace frío en este sitio. Pero él insiste, sólo necesita una habitación. Me enumeró los amigos que habían sido arrestados simplemente por hablar. A él mismo también lo arrestaron porque su tío era persona non grata para el gobierno. Ni siquiera en la Universidad podía comunicarse con libertad. “Si quieres hablar, más te vale marcharte. Lo sabe todo el mundo.”
"La violencia nace de la imposibilidad de expresarse." Esa frase, pronunciada en francés de Francia podría haber valido un premio Nobel o mil millones de ejemplares. En la cocina de una residencia de estudiantes, no vale nada. Pero esa frase a mí me costó mil pelos de punta.

Aquí en Bruselas llueve mucho. "La violencia nace de la imposibilidad de expresarse" y el cielo está harto de escuchar a tantos funcionarios sin alas. Sólo hacía tres años que esta persona sin nombre había abandonado su país. O más bien, hacía tres años que ese país de cuya capital no puedo acordarme había abandonado a esta persona. Otros mil pelos de punta.
Me contó que hablaban más de sesenta lenguas diferentes, principalmente de transmisión oral. “¿Cómo se dice me llamo Julia?”, “No, no empecemos con eso. ¿Para qué? Tú nunca tendrás la necesidad de utilizar mi idioma”. Era cierto, el imperialismo también es lingüístico. Otro día trataríamos temas más joviales que el control de los medios de comunicación por los gobiernos que quieren gente mansa: un pueblo de espectadores de una función en la que los protagonistas no han pasado ningún casting. “Al que no aplauda, lo mato”. La solución no puede venir de fuera. Él comprendía la revolución como única salida. La revolución nace de las entrañas de la gente que forma a sus mesías con la esperanza de que lleguen a presidentes. Y que les representen. “Hay otros países que están peor”, se decía a sí mismo, gesticulando con fuerza, como tratando de autoconvencerse: “sí, nuestros vecinos están mucho peor”. Claro, si te comparas con el último de la clase siempre serás inteligente. Lo que sale en la televisión se convierte en verdad absoluta. No se puede demostrar lo contrario. Todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contrario. No se puede demostrar lo contrario.

Aquella tarde me ofreció todo lo que tenía: unos pasteles de elaboración y procedencia desconocida que transportaba en una caja de cartón. Y no me brindó tan sólo un mordisco, sino un pedazo bien cortado de cada uno, para que los probara todos, para que si uno sabía más delicioso que otro, ambos tuviéramos la opción de disfrutarlo. “Merci. C'est gentil”. Pero para él, compartir no era gentil, sino lo más natural del mundo.