La propuesta de Andrés Alonso Gil

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Rutina, ¿qué sería del ser humano sin unas pautas predeterminadas y destinadas a seguir? Quizás nos encontraríamos perdidos en un mundo irreconocible, rodeados de personas cuyo único fin es sobrevivir siendo creativos. ¿Sería un mundo mejor? Nunca lo sabremos.

Después de escribir esas palabras, y antes de cerrar su sesión en Facebook y apagar el ordenador portátil, intentó auto convencerse de que ella sería una de las pocas personas que sí lograrían descubrir cómo es un mundo sin reglas escritas. Al entrar en la cama sintió un ligero escalofrío que hizo que sus dientes castañeteasen un par de veces, y no porque las sábanas estuvieran frías. Mañana era un día especial, comenzaba una nueva etapa; y ella lo sabía.

- Buenas noches mundo- dijo al silencio de la noche.

Me desperté con una sonrisa en la boca bien grande, nunca antes me había pasado. Estaba totalmente convencida de que hoy es un día especial. Conduje mis pasos hacia el espejo; con cada uno que daba el sonido que hacía la madera al crujir era más fuerte, parecía una película de miedo. Cuando me hallé ante él, mis ojos llenos de esperanza no podían hacer otra cosa más que flotar de arriba a abajo y de abajo a arriba fijándose en aquel cuerpo desnudo.

En ese instante recordé unas palabras de mi abuela:

- Que bella estaría mi querida nieta si dejara que su vieja abuela pudiera hacer que se pareciera a la flor cantuta, serías la envidia de todas las chicas bellas y el sueño de todas las demás. Ojalá tus dulces labios pudieran ser confundidos con esos espléndidos caracoles que llevas por rizos. Estarías radiante princesa de mi corazón.

Y tenía toda la razón del mundo, mi pelo ahora es maravilloso. Me favorece. No tanto la nariz, ancha y respingona. Tampoco los ojos, tan negros como afilipinados. Ni las orejas, grandes y deformadas. Ni mucho menos la cara. Mi cara. En cambio si tengo una piel bonita y morena, sin granos. No soy muy alta pero si poseo una figura esbelta que me da seguridad. Apenas se nota el pasado. Y unas piernas, ¡qué piernas! Preciosas, simplemente preciosas.

- Nunca me llamarán guapa, y la verdad es que no lo soy, pero nadie jamás me podrá negar que tengo un buen cuerpo –dije convencida.

- Cariño, tú eres preciosa.

- ¡Mamá!, ¡estoy desnuda! - le dije enfadada mientras tapaba mis zonas íntimas con las manos -Te he dicho mil veces que no me espíes desde la puerta de la habitación.

- Perdona hija, no quería interrumpirte. El desayuno ya está en la mesa.

- Gracias mamá, ahora voy. Cierra la puerta.

- No tardes, y ponte guapa – dijo sonriente mientras la arrimaba sin dejar de mirarme.

Odio que solo arrime la puerta cuando le pido que la cierre. Aunque no me importa que ella me observe sin ropa, prefiero intimidad. Y gracias al Señor él ya no está.

Debo vestirme con velocidad o llegaré tarde mi primer día, hoy comienza una nueva etapa y no lo puedo consentir. Así que abrí la cómoda y cogí esa ropa interior que tanto me gusta, color verde esperanza. Abrí el armario y observé qué me quedaría mejor con mi nuevo peinado, y lo vi, ahí estaba, esperándome, llamándome. Lo cogí sin pensarlo dos veces y me lo puse. Ese chándal es perfecto para esta ocasión. Solo me quedan las zapatillas. ¿Dónde están? Mientras las busco por el dormitorio, tarareo esa canción. Es una manía. ¡Aquí están! Me las puse. Combinan a la perfección con mi ropa de hoy.

-Toma un cordón, forma una orejita, el otro la abraza y se mete en la cuevita. ¡Ya estoy lista!

Antes de ir a desayunar, me puse frente al espejo una vez más. Voy radiante. Sacudí mi cabello con la mano para alborotarlo un poco. Me gusta ir peinada sin estarlo. Y por fin, llegaron mis últimos auto convencimientos de la mañana. Mirándome fijamente a los ojos dije:

-Aquí y ahora empieza mi nueva vida. Hoy estoy dispuesta a pasar página, estoy dispuesta a coger esa pala y cavar un agujero enorme para enterrarle, estoy dispuesta a meter en un túnel largo y oscuro todo el dolor, y lo más importante, debo saber confiar en esa persona que esté dispuesta a ayudarme, escucharme, entenderme y aconsejarme. Todo el mundo tiene una en su vida, y ya es hora de que llegue la mía.